Diputado Jaime Trobo: “Shimon Peres ha generado una enseñanza para su pueblo”

20/Dic/2016

Diputado Jaime Trobo: “Shimon Peres ha generado una enseñanza para su pueblo”

SEÑOR TROBO CABRERA (Jaime Mario).- Señor
presidente: consideramos muy oportuno que la Cámara se haya reunido
excepcionalmente para realizar este homenaje a la memoria de Shimon Peres,
quien falleció en el mes de setiembre de este año.
Shimon
Peres ha sido un estadista reconocido universalmente y dedicó sus mayores
esfuerzos intelectuales, políticos y diplomáticos a la causa de su pueblo, el
pueblo de Israel. Realizó su peripecia de vida condicionado, sí, por el amor
por su pueblo, pero también, y progresivamente, por sus convicciones
pacifistas, sabiendo que del éxito en su tarea dependían la paz y la
convivencia en un territorio de persistentes amenazas sobre ellas.
Peres,
quien había nacido en 1923 en Vishniev, Polonia, hoy territorio de Bielorrusia,
a los once años fue a vivir con sus padres a Palestina, territorio bajo mandato
británico. Estudió en una escuela agrícola, participó de la fundación de un
kibutz, y sus convicciones sionistas y socialistas lo llevaron a integrarse muy
joven al Partido Laborista, en el año 1946.
Fue
miembro de la Haganah, organización armada clandestina que luchó por la
formación de un Estado judío en territorio palestino, objetivo que se hizo
realidad con la independencia de Israel en 1948. Es bueno que cada vez que este
tema se mencione se recuerde la participación de la República Oriental del
Uruguay en esas instancias a través de su diplomacia y, en particular, del
embajador Rodríguez Fabregat. Tiene que ser para Uruguay un orgullo y un
mandato histórico acordarse permanentemente de ese evento que condiciona su
actitud hacia el futuro respecto del Estado de Israel.
Comenzó
su carrera política cerca de 1950 y durante sesenta años logró llegar a las más
altas posiciones. Recibió el impulso de David Ben Gurion y Moshe Dayan;
personalidades relevantes de la historia del estado de Israel.
Además
de ser primer ministro de Israel en dos períodos, fue dos veces viceprimer
ministro; ministro de defensa, de desarrollo, de transporte e inmigración;
cuatro veces ministro de exteriores y parlamentario de la Knesset entre 1959 y
2007.
Desempeñó
alguno de los mencionados ministerios en los gobiernos de personalidades como
Golda Meir e Yitzhak Rabin. En un gobierno de este último ocupó la cartera de
defensa, cargo que lo proyectó a la Presidencia del gobierno tras la dimisión
de Rabin en 1977.
Peres
se fue identificado, cada vez más, como partidario de la paz negociada entre
Israel y los árabes, que incluyera, obviamente, concesiones a los palestinos.
Tales posturas acabaron por romper la concertación de gobierno en 1990. Los
laboristas recuperaron el poder en solitario al ganar las elecciones de 1992,
pero con Rabin como máximo líder, apoyándolo Peres desde un segundo plano.
La
historia contemporánea, la que hemos vivido muchos de nosotros, lo cooptó como
protagonista destacado, desde que, como ministro de asuntos exteriores, impulsó
la apertura de las conversaciones de paz con los países árabes y con la OLP de
Yasir Arafat, que culminaron con los Acuerdos de Oslo de 1993.
Siempre
estas circunstancias, además de la voluntad de los negociadores, tuvieron
acompañantes. Es muy importante que se consideren los acompañantes en caminos
plagados de amenazas para la construcción de la paz. Son determinantes los
protagonistas, pero los acompañantes tienen una importancia también
determinante.
Un
año después de los acuerdos de 1993, Arafat, Rabin y el propio Peres
compartieron el premio Nobel de la Paz. Pero el asesinato de Rabin en 1995 que
convirtió a Peres en primer ministro y la posterior victoria electoral del
Likud en 1996, que desalojó a los laboristas del poder, frenaron el difícil y
complejo proceso. Un país que tiene una democracia ejemplar como bien señalaba
el diputado Gandini, sometido permanentemente a acechanzas que no son de sus
vecinos palestinos, sino de una región en la que algunos Estados proclaman su
desaparición, ha tenido la capacidad de mantener la democracia, las elecciones,
la participación plural y la integración de gobiernos de carácter parlamentario
durante ese tiempo, lo que significa un ejemplo de madurez.
Respecto
de ese acuerdo y del histórico proceso, el propio Shimon Peres expresó:
«Lo que estamos haciendo hoy es más que firmar un acuerdo, es una
revolución. Ayer era un sueño, hoy es un compromiso».
Así
como destacaba la importancia del momento, Peres también era consciente de que
materializar la paz entre esos pueblos era una tarea de largo plazo, compleja y
complicada. Lo expresó en los siguientes términos: «Estamos apenas en el
principio de la historia y tenemos un largo camino adelante. Estamos tratando
de darle un fin al fuego del odio y a los metales de la hostilidad que traen
muerte y terror y pobreza a millones de personas en nuestra región».
Los
acuerdos de Oslo sufrieron un golpe devastador con el asesinato de Rabin en
1995 y, luego, con el fracaso de las negociaciones organizadas en el año 2000
por el presidente estadounidense Bill Clinton en Camp David, entre Arafat y el
entonces primer ministro israelí Ehud Barak.
Peres,
sin embargo, nunca se separó de su ideal y creó como ya se ha mencionado en
extenso el Centro para la Paz que lleva su nombre, en el que buscaba acercar a
los palestinos y los israelíes, y en el que mantuvo una activa agenda pública a
pesar de su avanzada edad. En una oportunidad dijo que los palestinos eran
«los vecinos más cercanos» de Israel, «Y creo que podrían
convertirse en nuestros amigos más cercanos», agregó.
En
2007, a la edad de 84 años, el Parlamento eligió y nombró a Shimon Peres presidente
del Estado de Israel; un cargo meramente protocolario, pero de superior
significación y trascendencia. Cumplido su mandato, fue relevado por Reuven
Rivlin en 2014, dos años antes de su fallecimiento.
Poco
a poco y al alejarse su figura de las tensiones políticas internas que las hay
en Israel muy intensas y fuertes, en las que no fue neutral y siempre estuvo
muy comprometido, comenzó a ser percibido como un abuelo de la nación, y en ese
tiempo disfrutó finalmente del reconocimiento popular que se le escapaba al
principio de su carrera.
Luchó
por un lugar para su pueblo, el sitio milenario en el que su pueblo había
vivido, y no se alienó con esa idea, sino que la elevó con acciones políticas y
diplomáticas para que ese territorio fuera seguro. Y para ello optó por la
estrategia de la convivencia y, al final, aunque no ha podido concluir la obra,
terminará por verla desde el más allá algún día.
Quiero
agregar algo del presente, para que esto no quede solamente en una recordación
del pasado, porque si Shimon Peres como
hemos dicho ha generado una enseñanza
para su pueblo, para los intereses de la nación judía y también para los
demás, los que podemos denominar
«acompañantes», los que vemos lo que ocurre en esa región y queremos
coparticipar en la solución de los problemas y ayudar en el camino de la paz,
en cada acción de política, sobre todo de política exterior, tenemos que
pensar, razonar y equilibrar la consecuencia y el efecto que tienen en el
camino de la paz, en este caso para Israel y para Palestina. Digo esto porque,
lamentablemente, hace pocas horas, en un organismo internacional como la Unesco
ha ocurrido algo que, por supuesto, va en contra del interés que proclamó
durante sus últimos años Shimon Peres, que es la descalificación hacia el
pueblo de Israel, en una de sus cuestiones históricas y fundamentales, con el
propósito no se sabe bien de hacer prevalecer una parte del conflicto los
palestinos o disminuir las capacidades que Israel puede tener y afectarlo
emocionalmente.
La
Unesco tomó una resolución que en referencia a Jerusalén del Este establece que
se desconocen los lazos judíos y cristianos con la explanada de las mezquitas.
Pocas horas después, esa decisión fue explicada por un funcionario de
jerarquía: el presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Dijo: «Es muy
excepcional lo que pasó ayer y lo lamento», porque es injusto y un
desconocimiento claro de la historia del pueblo de Israel en vinculación con la
explanada de las mezquitas afirmar que la única vinculación histórica que
existe es el credo musulmán. Este hecho, que puede parecer menor, es de mucha
sensibilidad. A propósito, es bueno mencionar que hay países que ya han
proclamado públicamente su desvinculación, como es el caso de México, que ha
sustituido a su embajador en la Unesco, cuya actitud fue corregida, porque
actuó sin consultar adecuadamente antecedentes históricos ni a su propia
Cancillería; es muy probable que haya ocurrido u ocurra lo mismo con otros
países. No es una bala, no es una bomba, no es un cóctel molotov, no es una
acción de guerra física: es una acción de guerra moral y, a veces, las acciones
de guerra moral terminan siendo mucho más eficaces que las de guerra física.
Yo
desearía saber la posición que asumió Uruguay respecto de este tema; no la
conozco, aunque he pedido informes. Me gustaría que, en lo que hace a nuestro
país, a un país amigo del pueblo de Israel y también amigo del pueblo
palestino, cada vez que se toma una decisión a nivel internacional respecto de
las cuestiones que les incumben, se razone, se analice si lo que procuran es el
objetivo de la paz en eso coincidiríamos con esta última imagen del homenajeado
de hoy o simplemente están tomando partido en posiciones que, sin duda alguna,
endurecerán los conflictos y alejarán su resolución.
Reitero
lo del principio: creo que la ocasión de que la Cámara de Representantes se
exprese sobre este tema, sobre Shimon Peres y sobre su legado histórico,
político y diplomático, ha sido muy adecuada.
Felicito
al señor diputado Gandini, quien ha tenido la iniciativa, y también felicito a
la Cámara de Representantes, que ha tomado la resolución al respecto.
Muchas
gracias, señor presidente.
(Aplausos
en la sala y en la barra)